12/3/17

Cuento: El Estofado de las Negras

Todos hablaban del estofado de las negras. Desde los caseríos de Turín hasta los suburbios del Mariscal no había nadie que jamás hubiese escuchado hablar del estofado que las negras servían al final de la calle Pascal.

Durante el día se formaban filas enormes hechas por aquellos que querían probar la majestuosa cocina de las negras. La mayoría de las personas alababan el estofado por la consistencia de la sopa, la cual no era ni muy líquida para ser una bebida ni muy espesa para confundirse con una colada; mientras que otros adoraban el color y la textura de las papas a las que llamaban “las rocas de oro de las negras”; y no faltaban los eruditos de la cocina, hombres y mujeres bien vestidos que dictaban el futuro gourmet de la ciudad, que aseguraban que el secreto del sabor estaba en las verduras, en la manera en que las manos duras y rugosas, herencia del viejo continente africano, eran capaces de cortar, desmenuzar y sudar las zanahorias, las habichuelas, las cebollas y todos los demás ingredientes del estofado.